El creciente problema de la contaminación del suelo y el agua, sumado a los efectos nocivos de los pesticidas en la salud humana y animal, ha impulsado la búsqueda de alternativas más seguras. En Europa, la legislación es cada vez más restrictiva con el uso de pesticidas sintéticos, favoreciendo el desarrollo de métodos de bioprotección. A esto se suma el impacto del cambio climático, que ha propiciado la aparición de nuevas plagas y enfermedades, obligando al sector agrícola a adaptarse.
Ante este panorama, la bioprotección de cultivos se ha convertido en una herramienta indispensable para la producción agrícola. La bioprotección se basa en el aprovechamiento de la biodiversidad funcional para reducir las poblaciones de organismos perjudiciales, lo que contribuye a reducir el empleo de agroquímicos y minimiza los efectos adversos en los ecosistemas agrícolas. Además, la demanda de productos agrícolas más sostenibles por parte de los consumidores está impulsando su adopción en diversos sectores de producción.

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